· Tras el grandísimo éxito -comercial- de El Código Da Vinci, Ron Howard toma la precuela de Dan Brown para plasmarla en la gran pantalla.
Con un reparto de buenos actores y una ambientación muy lograda -Roma facilita mucho el trabajo- Ángeles y demonios parece largometraje más cerca de un agente como Bourne que del conocido Robert Langdon.
Lo que sucede es que si al principio parece que todo viene tratado de una manera más sobria, el hecho que se intente atentar contra la Ciudad del Vaticano revuelve el panorama en un complejo de hombres de negro y micrófonos ocultos.
Obviando que el argumento científico sobre el que se sostiene la obra del escritor estadounidense no tiene solidez por ninguna parte; la relación antimateria-illuminati-vaticano desencadena una serie de situaciones que llevan al espectador a pasar de un film a priori lento y de carácter indagador a la acción más desenfrenada con muertes atroces.
En este caso, la cinta se apoya en las interpretaciones bastante oportunas de Ewan McGregor -Camarlengo- y Stellan Skarsgad -comandante Ritcher-.
Por su parte, Tom Hanks y Ayelet Zurer dan una interpretación irregular y plana, forzada por un guíon asistido quirúrjicamente por los doctores Koepp y Goldman. No existe atracción entre la pareja en sí misma, ni transmite nada al espectador.
Sin embargo, Howard sabe aprovechar al máximo la ambientación de una ciudad como la que Roma ofrece, es su punto más fuerte. Ya que partiendo desde un asesinato en el CERN, Suiza, la velocidad de los acontecimientos apenas dejan respirar al palomitero que aún está preguntándose qué demonios es la antimateria.
¿Y qué se espera de una película así? Personalmente esperaba algo distinto a los incendios y explosiones en el interior de iglesias o en el cielo, la aventura de un Camarlengo sobrenatural, situaciones con diálogos casi ridículos, personajes de inteligencia mediocre, etc.
Ángeles y demonios es una película taquillera, pero nada más. Catalogada entre los films de sobre para el futuro hasta que la saciedad la devuelva al lugar correspondiente del cajón del olvido.
El peso recae en los nombres que configura el reparto, la dirección y la banda sonora. En este último caso, hay que felicitar la labor de Hans Zimmer que desde el principio al fin configura una banda sonora muy bien compaginada con la narratividad de las secuencias.
Nota del autor: como lector apasionado, leí en su momento El Código Da Vinci -un cuento para adultos-, tras el que me negué por completo a leer Ángeles y demonios. Tal vez no sea el más indicado para realizar esta crítica, pero acudí al cine para degustar la cinta con la predisposición del que acude a un partido de fútbol sin ser aficionado de ninguno de los equipos… sencillamente expectante de ver algo que me convenciera, pero el resultado es que Ángeles y demonios funciona mucho mejor en el sofá de casa con un buen equipo de home cinema que un miércoles noche en la sala del cine.
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