El calendario y sus defectos

Siempre que numeramos una secuencia, comenzamos por el 1. Bien sea un simple cálculo matemático como un análisis de las rentas económicas. Sin embargo, nadie a reparado en que al comenzar por el 1 evitamos complicaciones posteriores.

La mayoría de nosotros recordamos la inminente llegada del año 2000. Ese fatídico cambio de número que venía a suponer un caos, empezando por los ordenadores -que se volverían todos locos- llegando hasta la cosa mas ridícula. Nada de esto sucedió…

Una confusión muy extendida fue que uno no sabía si estaba ya en s. XXI o aún no había abandonado al dichoso XX. Bien, aún nos encontrábamos, para pena de muchos y alegrías de otros, en el s.XX.

No existe el año 0 como tal, sino que al año 1 a.C. siguió el año 1 d.C. inmediatamente después. De modo que una simple operación matemática nos dará la respuesta de que el esperado siglo XXI comenzó en el 2001.

Uno de los primeros que comenzó a desarrollar este método para contar los años fue el monje de Wearmouth, San Beda el Venerable. De manera sencilla dedujo que nunca comenzamos a contar por el numero 0. A esto hay que añadir que los historiadores convendrían en mantener la fórmula para lograr un calendario organizado.

El problema aparece con la llegada del sistema matemático árabe, el cual contempla al número 0. De esta manera, aquellos que defienden la idea de que el s. XXI comenzó con el 2000, estarían en lo cierto.

El calendario actual

Sería el Senado romano el que establecería tras numerosos cambios -motivados por el deseo de ampliación del mandato de los cesares-, que el día 1 de enero sería año nuevo. No obstante, las irregularidades arrastradas por fechas anteriores, obligaron a Julio cesar a considerar el año 46 a.C con una duración de 445 días. A partir de entonces, este año sería conocido como el año de la confusión.

El calendario juliano, que así se le llamó en honor al emperador, cedió paso al actual calendario gregoriano -atributo del Papa Gregorio XIII-. Este calendario contempla años de una duración de 365 días, excepto aquellos bisiestos de 366, sucedidos cada cuatro.

Por otra parte, del cálculo del ciclo pascual -operación iniciada por el monje Dionisio el Exiguo- se obtuvo el resultado de que los 365 días del año se comprenderían en módulos de 7 días. Al realizar la división entre 365 y 7, nos da de resto 1. Este “día” de resto explica porqué si un año comenzó por lunes, el siguiente lo hará por martes.

Es decir, se corre un día de la semana para subsanar dicha operación. Sin embargo, en los años bisiestos se cuentan dos días en vez de uno.

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