Girl Talk: Feed the animals
En el mundillo del hip hop es muy habitual el uso de “samples”, es decir, trozos de otras canciones que sirven de base para una canción, o un fragmento de la misma. Lo hemos visto en discos de De La Soul, Dj Shadow, Kaney West, Eminem
y un largo etcétera de raperos. También su uso ha sido habitual en el trip hop, con Portishead y Tricky como abanderados. Sin embargo, fueron Soulwax, o más bien su alterego 2 Many Dj’s, los que llevaron el sample a su máxima expresión comercial con remezclas especialmente atractivas para el gran público como la de” Smells Like Teen Spirit” de Nirvana con “Bootylicious” de Destiny’s Child.
Pese al relativo éxito de esas remezclas, los discos de 2 Many Dj’s se perdían en mezclas demasiado obtusas y sin gracia, algo que no ocurre con el nuevo álbum de Girl Talk, que por fin parece haber dado con la fórmula comercial perfecta para el “corta y pega”. Si los belgas están habituados a mezclar un par de canciones entre sí, lo de Greg Gillis es el colmo de la saturación: 300 fragmentos de canciones dan lugar a al go más de 50 minutos de música en una sesión continua que no deja espacio para el descanso.
Quizás ahí radique una de las flaquezas del disco. Es tan intenso, tan rápido, tan bailable y alocado que acaba saturando en algunos momentos en los que las mezclas apabullan al oyente. Evidentemente no es un disco para escuchar relajado, sino para bailarlo o pincharlo en fiestas y viajes
en el coche. El hipervitaminado cuarto disco de Girl Talk cuenta además con el placer de descubrir en cada corte ese fragmento que reconocemos: aquí Queen, aquí Black Eyed Peas, aquí Nirvana, de repente Metallica, luego surge MIA sobre el “Dreams” de los Cranberries y se rapea sobre “Under the Bridge” de los Red Hot Chili Peppers o se mete el “Ghetto Superstar” de MYA con la base de los indies de Yo La Tengo. No obstante en ese mismo placer radica la temporalidad de su música. Una vez que hayamos descubierto el pastel, ya queda poco margen para la sorpresa.
Aún así, la maniobra comercial de Gillis es magistral. Primero porque lanza el disco en el mismo formato que ya dio éxito a Radiohead, ofreciendo su descarga en la web al precio que el consumidor desee pagar por él (lo podéis descargar aquí), y después con el descaro que le permite crear uno de los discos más divertidos del 2008 sin pagar un sólo euro de derechos de autor.

Un ejemplo…
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