The Cannery y Vic Chesnutt cierran el “Ciclo de Pop Rock” en el teatro sevillano
Tras un gran día como el anterior, con Vetiver y Akron/Family, el sábado, echaba el telón la temporada del Teatro Central con un concierto que a la postre se reivindicó como el mejor de los que pude ver durante el fin de semana y uno de los más intensos que recuerdo. Al contrario que el viernes, donde los dos grupos actuaron con similar “caché”, aquí sí hubo un telonero para el gran artista de la noche: Vic Chesnutt.
The Cannery abrieron el espectáculo con un concierto correcto pero insípido. Sus referencias son tan evidentes y están tan ancladas en el sonido folk “americana”, que tienen poco margen para la sorpresa. Su música te lleva a pleno desierto americano, a esas granjas que tanto hemos visto en las películas que reflejan la realidad sureña de Estados Unidos, sólo faltaba escuchar algún grillo en el escenario para que la visión fuera completa. Por suerte la escasa duración de su concierto (apenas treinta minutos), permitió que su propuesta no pasara de intrascendente a aburrida.
Poco antes de terminar su concierto, los chicos de The Cannery nos avisaron: “Preparaos para flotar con Vic Chesnutt”. Su advertencia se mostró poco después como una verdadera revelación. Chesnutt es una especie de tótem del rock independiente americano, un hombre sin excesiva suerte en el terreno comercial, pero con una legión de grandes artistas que le reverencian y reconocen su trayectoria y sus canciones. Creo que hablar de cantautor es condenar a una etiqueta a un hombre quet ransmite y aspira a mucho más. Sólo verle en el escenario en su silla de ruedas -tuvo un accidente con 18 años que lo dejó paralítico- estremece. Verle tocar, directamente te deja noqueado.
Chesnutt tocó acompañado de guitarra, bajo, batería y violonchelo, un conjunto que aportó contundencia a las canciones de North Star Deserter, su gran último disco, donde la oscuridad llena unas canciones cargadas de ironía, otro de los pilares de su prolífica carrera. Chesnutt, además, mostró un sentido del humor admirable durante todo el concierto, y nos regaló una versión emocionante del “Ruby Tuesday” de los Rolling Stones. Con el público en pie, extasiado y pidiendo más, el artista volvió solo, con su guitarra para regalarnos un fin de fiesta a lo grande y demostrar que su potente personalidad le permite prescindir incluso de banda para que las emociones afloren. Grandioso.
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