Bon Iver, Dinosaur Jr., Rufus Wainwright y Animal Collective, sobresalientes
Sin discusión, el sábado fue el día grande de este Primavera Sound, no sólo por la calidad de los artistas, sino por el excelente rendimiento que dieron la mayoría de ellos, con sacrificios dolorosos debido a las coincidencias horarias de varios grupos importantes (Shellac, Mission of Burma, Port O’Brien, Okkervil River, Les Savy Fav… no pude ver a ninguno y me hubiera gustado mucho). No obstante lo visto en esas horas fue tan bueno, que suplió con creces perderse el resto de espectáculos.
El día empezó muy pronto, con la primera y única visita al recinto del Auditori para ver, en este caso, a Bon Iver. En primer lugar, reseñar lo impresionante del teatro, con capacidad para 3.000 personas y que estaba prácticamente lleno para ver a un artista casi desconocido que acaba de reeditar un disco maravilloso: For Emma, Forever Ago. El sonido del Auditorio es majestuoso y Justin Vernon, consciente de ello, en vez de seguir la línea tranquila del disco, prefirió darle “electricidad” a unas canciones ya de por sí devastadoras. Maravilloso repertorio y emotivo concierto que acabó con el público de pie aplaudiendo.
Tras un pequeño parentesis, Devastations actuaban en el ATP (uno de los mejores escenarios, sin duda, por
los grupos que tocaron en él). Pese a que su último disco es de lo mejor del 2007, el directo quedó un poco deslucido. La voz parecía otra y aunque las guitarras sonaron bien, la actitud del grupo dejó mucho que desear – parecía que se acababan de levantar tras una noche de resaca -. Además, para los tres cuartos de hora que tocaron, se podrían haber ahorrado “The Pest”, con mucho la peor del último disco (YES U). Sin embargo, rápidamente llegó otra de las grandes actuaciones del sábado: Silver Jews. Con un frontman soberbio (el emocionalmente inestable David Berman) y una notable banda de acompañamiento, los éxitos de los americanos se sucedieron (gracias por tocar Smith & Jones, mi favorita de su repertorio). Mención especial para la espectacular bajista del grupo, a la que Berman “acosó” en alguna ocasión durante el concierto.
Un piano solitario en el escenario grande (el Estrella Damm) esperaba a Rufus Wainwright, que abandonó el barroquismo sonoro de sus discos para ofrecer un concierto desnudo, al que no le faltó ni una sola gran canción de su repertorio. Además, Rufus estuvo simpático y gracioso (dos menciones curiosas, la primera sobre España: “Me encanta España porque aceptáis y legalizáis el matrimonio gay, claro que yo no me voy a casar, pero está bien que vosotros lo hagáis. Tengo un novio maravilloso, igual él si que se casa pero yo s
ólo me casaria con mujer vieja y rica. Muy vieja, y muy rica, al viejo estilo”; y la segunda sobre los españoles: “la próxima canción es triste así que dejad de ser españoles por un momento y sed un poco… escandinavos o algo así“) y demostró que es uno de los mejores cantantes del rock actual, capaz incluso de sobreponerse a un concierto mal programado porque ni el sitio era el adecuado (escenario grande, cuando era más apropiado de Auditori), ni la hora (conciertos demasiado ruidosos a la misma hora). Sobrecogedora versión final del Hallellujah de Leonar Cohen.
En medio de tanto alternativo, folk, rock, etc… Apareció Enrique Morente cantando flamenco y acompañado del grupo granadino Lagartija Nick para tocar las canciones de Omega, un disco que sacudió la música hace unos años y que ahora han vuelto a recuperar. La mezcla de rock duro y flamenco es mágica, especialmente en la canción que da título al disco. Una pena no poder ver el concierto entero, pero había que coger buen sitio para la descarga eléctrica de Dinosaur Jr. Grandísimo concierto, con J Mascis arropado por una montaña de amplificadores de donde salía un sonido ensordecedor. “Freak Scene”, “The Wagon”, “Sludge Feast”, etc acompañaron de lujo a las mejores canciones de su último disco (Beyond).
Antes del colofón a un festival inmenso, dio tiempo de ver un rato a Tindersticks, lo justo para captar que la voz de Stuart Staples es sobrenatural (aunque sonaba demasiado por encima de la banda) y que su rock de cámara decadente tiene mejores encuadres que un festival al aire libre. Tampoco en este caso
terminé de escuchar su repertorio, porque pronto empezaba el gran concierto del festival: Animal Collective, que hicieron un tratado de lo que debe ofrecer un directo. Improvisaron y modificaron las canciones hasta hacerlas irreconocibles (”Fireworks”, su single de Strawberry Jam duró ¡15 minutos! cuando su versión grabada dura apenas 5). Generaron una catarsis entre público y grupo, apoyado en un juego de luces multicolor que acentuaba la impresión de estar ante un concierto alucinógeno y ácido, que se cerró con dos canciones mayúsculas como “Grass” (con todo el público gritando con Avey Tare) y “Brother Spot”, una de sus mejores canciones que, inexplicablemente, no aparece en ningún disco. Además, dieron cabida a “Comfy in Nautica” de Panda Bear, uno de sus miembros ilustres, que también sacó disco en solitario el año pasado.
Bajo la amenaza de una lluvia que se había resistido a caer, sólo quedaba bailar al ritmo de Simian Mobile Disco y correr para guarecerse del diluvio universal que cayó a las cinco de la mañana y que cerró definitivamente una de las mejores experiencias de mi vida.
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Así da gusto. Sin embargo, ya sabes lo que pienso de Lagartija Nick y Enrique Morente…
Pero si nada más que escuchaste una canción! Así no se puede juzgar. La verdad es que había muchísima gente en su concierto, y eso que la mitad del festival eran extranjeros que no debían entender mucho de esa propuesta