Tras un inicio espectacular, el segundo día, ya con el Auditori y el escenario Estrella Damm a plena
disposición, se auguraba tan interesante o más como el primero, sin embargo, en general, el nivel no llegó en absoluto a las cotas de genialidad de los artistas del jueves, mucho más inspirados en sus shows.
La música empezó a las cinco de la tarde con el concierto en el CD-DROME de Russian Red, la nueva perla de la música española. Esta veinteañera madrileña enamoró a los presentes con su actitud y su música: dulce, cálida, preciosa, tanto ella como sus canciones. Y todo a pesar de que el ruido del concierto en el escenario ATP se le colaba de mala manera entre canciones. Por fin una artista con futuro en el panorama musical patrio… ya era hora.
Tras Lourdes, llegó un periodo de pausa de casi dos horas en las que había poco o nada interesante que ver en el recinto (quizás el único momento en tres días), o al menos, nada que me interesara especialmente. Sólo vi dos canciones de The Cribs para constatar que era uno de los grupos más planos y aburridos del festival, justo antes de estar con The Mary Onettes. Los suecos dieron lo que se esperaba, un concierto correcto, de buen sonido y lleno de altibajos. Es lo que pasa cuando tienes dos grandísimas canciones (”Lost” y “Void”, que eso sí, sonaron de muerte) y mucho relleno.
No obstante estos conciertos sólo funcionaban con aperitivo para el primer plato fuerte del día: No Age. Un duo prometedor, capaces de mezclar noise, distorsión y ruido con melodías pop. Sólo con batería y guitarra impresionaba la potencia de su sonido, tanta, que en los dos primeros temas apenas se oía la voz del batería-cantante. Las canciones del Nouns, su último disco recientemente publicado, demostraron que son uno de los grupos del futuro.
Corriendo tras No Age, llegué al concierto de unas viejas glorias del rock: The Sonics. La edad no perdona y
aunque le pusieron entusiasmo, a veces aquello parecía una orquesta tocando viejos clásicos del “garage”. Pese a todo, había ritmo y potencia suficientes para hacernos bailar al ritmo de “The Witch” o “Psycho”. Tampoco estuvieron a la altura Sebadoh, quizás mermados por tanto cambio de miembro (ahora toco yo la batería, ahora tú el bajo y yo la guitarra, ahora canta Lou Barlow, ahora Jason Loewenstein y luego Eric Gaffney), lo que provocaba parones de dos minutos o más entre canciones. Además, aunque el sonido fue bueno, las voces de los tres no son ningún prodigio de potencia y quedaron ahogadas por sus guitarras.
Mucho deberían aprender los Sonics de otros veteranos del rock: DEVO. Una fiesta y un show fue su concierto, de lo más divertido que pasó por el festival en los tres días, y eso que no me entusiasma su propuesta musical. Pero los temas sonaron muy bien (especialmente los clásicos como “Mongoloid”, su increíble e irreconocible versión del “Satisfaction” o “Jocko Homo”), especialmente eléctricos, y ellos estuvieron de diez. Divertidísimo su final, con el cantante disfrazado de Booji Boy, cantando en falsete y tirando al público las pelotas de goma que formaban su barriga. 
Y llegó uno de los conciertos que más esperaba del festival, el de Cat Power… Es curioso ver como hoy se pueden leer loas a la actuación de Chan Marshall entre la prensa y críticas duras desde el público. La verdad es que me encanta ella, me encantan sus discos, pero su directo fue muy mejorable. Justita de voz y con una banda algo fría, desgranó prácticamente sus versiones y sólo dio cabida a “The Greatest” de su anterior disco. Que esa canción y “Metal Heart” (de Moon Pix, 1998 ) fueran lo mejor de la actuación, dice mucho de lo fallido del repertorio en directo de Chan Marshall.
El fin de fiesta, eso sí, no pudo ser mejor, ya que The Go! Team dieron lo que se esperaba de ellos: una verbena (sin sentido peyorativo). Todo invitaba al baile, los saltos y el disfrute general. Se dejaron tanto en el escenario que su cantante acabó desgañitada y casi sin voz, pidiendo al público que coreara las canciones de sus dos discos. Tan extenuado me dejaron que no había fuerzas para seguir y fue la despedida a una segunda jornada de luces y sombras.
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