Discos 2008: Quebrar el alma

Portishead – Third

Hay discos que nacen con la vitola de clásicos, otros lo hace con la de polémicos. Este regreso de Portishead más de diez años después de su última aportación discográfica, reúne algo de ambas características. Third tiene mucho de “gran obra”, ya que es un disco que no deja indiferente a nadie. Las críticas de los aficionados oscilan entre la decepción absoluta y el culto a uno de los mejores discos de la última década. Creo que hay mucho de prejuicio en la actitud de los primeros, incapaces de abrir su mente hacia la evolución de un grupo que no podía quedarse anquilosado en un pasado de éxito (Dummy, 1994) y en un estilo, el trip-hop, de los que se les considera padres fundadores junto a Massive Attack y Tricky.

Las primeras notas de Third ya descolocan al oyente habituado al sonido elegante, de club nocturno, al que Portishead nos habían acostumbrado en sus otros dos discos anteriores. Comienza “Silence” con un ritmo de batería galopante y una sensación de agobio evidente e inusual en la música del combo hasta hoy. La “irreverencia” de Silence se completa con un corte abrupto al final, cuando parece que la canción entra en plena catarsis. No obstante, aún hay ramalazos de “lo que tradicionalmente llamaríamos Portishead” en Hunter, quizás lo más cercano al sonido clásico del grupo.

El agobio vuelve a ser protagonista en “Nylon Smile”, y el sentimiento surge en “The Rip”, uno de los puntos álgidos del discos. Arriba y abajo, el disco es una continúa sucesión de estados de ánimo y sensaciones. Especialmente brillante es la segunda mitad del disco, que se abre con un tema afterpunk como “We Carry On”, donde las guitarras retumban con fuerza. También hay tiempo para el rock industrial en “Machine Gun” y para guitarras lánguidas propias del slowcore en “Threads”. Incluso se atreven con una breve (y leve) pieza de folk desnudo en “Deep Water”, en medio de toda la vorágine apocalíptica del sonido del disco. Y “Small”, y “Plastic” y “Magic Doors”… Todas las canciones tienen ese “algo” que las hace especiales.

Angustia y dolor, son las sensaciones más comunes que despiertan estas canciones, gracias, sobre todo a la voz de Beth Gibbons, que parece a punto de quebrarse en algún momento (el inico de “Small”, estremecedor), junto con el corazón del oyente. “Me mantengo en el filo de un cielo roto”, canta Gibbons en “Hunter”, y nosotros con ella, sufrimos hasta la última nota, en plena explosión en los últimos minutos de “Threads”, cuando la voz se ahoga entre las guitarras y las percusiones del dolor.

Un clásico

MACHINE GUN (primer single)

WE CARRY ON (vídeo de aficionado)

MAGIC DOORS

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