· Tras la estela de los eminentes matemáticos egipcios, griegos, chinos y árabes, el número Π destapó el interés de los matemáticos europeos.
· En el s. XX la llegada de los superordenadores facilitó una aproximación al valor real del número anteriormente inimaginable.
Probablemente es el número más misterioso en la vida de las Matemáticas y sobre el que más se ha vaticinado. Elocuentes matemáticos como Viète, abordaron el estudio de su valor para tratar de encontrar su cifra exacta. Hoy es bien sabido que el número Π es irracional, ese extraño grupo de cifras que dicha para mentes inquietas nunca acaban.
Unos diecisiete años de dedicación le bastaron a Ludolf van Ceulen para determinar más de treinta valores decimales del número ∏. Este matemático alemán dedicó gran parte de su ingenio a descifrar con la mayor exactitud posible su valor numérico.
Nació en la ciudad alemana de Hildeseheim, aunque tuvo que emigrar a Holanda con sus padres debido a la revolución religiosa que se fraguaba en Alemania de la mano de Lutero. A pesar de lo que se pueda pensar, Ceulen sólo completó una formación de carácter básica, siendo su propia agudeza la pieza fundamental para el desarrollo de su labor en la Ciencia.
Corría el s. XVI y Ceulen impartía clases de esgrima y matemáticas, hasta que más adelante fue nombrado profesor de matemáticas e ingienería en la Universidad de Leiden hasta su muerte en el año 1610. Su sistema para hallar el valor de Π funcionaba a partir del estudio del valor del número partiendo de la trigonometría y de la matemática clásica.
Sin embargo, el cálculo requería unas operaciones tan complejas que sólo él era capaz de entender su propio método. Tanto es así que para ello requería del uso de polígonos que casi un trillón de lados. La aportación de Ceulen fue tal, que durante mucho tiempo al número ∏ se le denominó número ludolphino.
Las supercomputadoras
Tras el legado de Ceulen, matemáticos de renombre como Leibniz, Rutherford o Shanks, continuaron la senda ya abierta desde el Mundo Clásico. Sin embargo, no fue hasta el s. XX con la aparición de los superordenadores cuando el hombre realizó aproximaciones al valor de ∏ realmente inimaginables.
Varios hitos marcaron el inicio del cálculo con ordenadores, siendo el primero de ellos el del programa Eletronic Numerical Integrator and Computer -ENIAC-. Este ordenador desarrollado por el equipo del prestigioso científico John von Neumann -que de niño podía dividir números de ocho cifras mentalmente-.
ENIAC fue capaz de hallar más de 2.000 cifras de ∏, rompiendo todos los récords hasta la época. Poco a poco, el desarrollo de la tecnología fue ayudando a realizar cálculos cada vez mayores. Posteriormente, la supercomputadora Hitachi llegó a alcanzar la escalofriante aproximación de 1,3511 billones de decimales en el 2004.
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