¡Doctor me duele!
Publicado el Marzo 6, 2008 por marioramosrios
Desde un simple arañazo producido por una hoja de papel hasta un hueso roto nos produce dolor. Realmente estamos contínuamente sometidos a situaciones dolorosas -desde un punto de vista físico-médico-, y sin embargo, nuestro cerebro funciona de manera que seamos capaces de seguir funcionando diariamente.
El organismo es una maquinaria compleja que se ocupa de nuestras lesiones, por ejemplo una herida en la rodilla. Esto es, la sensación de dolor se reduce bajo el umbral del dolor, intensidad que indica si se percibe o no conscientemente, lo que procura que te olvides de ella.
Cuantificar el dolor
La naturaleza del dolor tiene grandes dosis subjetivas, por lo que determinar si una persona sufre más que otra ante determinadas lesiones, es bastante complicado. Debido a esto se explica que a tu amigo no le doliera su piercing en la lengua, pero a ti sí.
De manera más o menos precisa se relaciona el término umbral de dolor con la intensidad dolorosa a partir de la que éste se vuelve consciente, y se percibe de manera latente. Sin embargo, cada persona no precisa de una intensidad determinada para sufrir.
Por ejemplo, se reconoce como umbral de dolor para el oído aquellos sonidos que oscilan entre 110-130 decibelios. Aunque se trata de un valor usado como referencia media, no como dato absoluto.
El antiguo presidente de la Sociedad Española del Dolor (SED), el doctor Manuel Rodríguez, declaró para elmundo.es que el dolor “es una variación individual. Cada persona tiene un umbral del dolor completamente distinto y no influyen para nada ni el sexo, ni la edad, ni otras circunstancias”.
El jefe de la Unidad de Dolor del hospital Carlos Haya, en Málaga, concretó que la sensación “no es ni física ni mental, es una cuestión individual, depende de la percepción que cada persona tiene de la sensación dolorosa”.
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