· 2012 es un film subproducto de la situación actual: la tecnología de los efectos especiales y la rumorología en torno a la fecha.
No es un hecho nuevo que el director alemán Roland Emmerich presente una nueva película en la que el mundo de algún modo desaparece. En este caso, 2012 aprovecha la controversia generada por el calendario maya para dar una nueva estocada final a la humanidad y todo por culpa de los malditos neutrinos.
En 2012 el interior de la Tierra se recalienta debido al impacto de los neutrinos procedentes del Sol -los neutrinos se generan en el interior del Sol como resultado de la transformación del hidrógeno en helio-. Como consecuencia, se producen distintos efectos naturales como volcanes a gran escala, terremotos, olas gigantes, etc. que diezman la vida del planeta.
En el reparto, Jonh Cusack, como el escritor Jackson Curtis, y Amanda Peet, Kate Curtis, no trasmiten nada. Personajes vacíos y ligeros, típicos de este tipo de producciones -y guiones- que concluyen la película de la manera más fácil y sin profundidad psicológica. Por otra parte, sí destaca algo Chiwetel Ejiofor como el geólogo Adrian Helmsley que en algunos momentos llega a conmover por su capacidad expresiva, que se enfrenta a Oliver Platt: despiadado y bastante jugoso como el secretario de estado.
Por último, encontramos a un envejecido Danny Glover como el presidente de los EE.UU -Thomas Wilson-, y a Woody Harrelson en uno de los papeles más divertidos de sus últimos trabajos y con el que ha disfrutado tanto.
2012 está repleta de tópicos cinematográficos que teniendo en cuenta la filmografía de Emmerich, son demasiado clamorosos. El final en sí implica que en el caso de que suceda dicha catástrofe cualquier persona es capaz de realizar las proezas de Jackson Curtis, así que podemos dormir tranquilos porque al final lograremos salvarnos.
Quizás también dormiremos más tranquilos aún sabiendo que los neutrinos son partículas subatómicas que practicamente no interactúan con la materia. Es más, cada segundo somos atravesados por 50.000 billones de neutrinos y no nos sucede nada, ni a nosotros ni a la Tierra.
Los sucesos son tan increíbles -realmente no se pueden creer- que sólo se puede apreciar la cinta por sus efectos especiales muy logrados y por algún destello de los actores. Por ello, quien se sienta en la sala del cine debe saber a lo que se expone. Ni Emmerich ni Harald Kloser imprimen la fuerza que en algún momento tenía el Día de Mañana.
Realmente todo lo que sucede de sorprendente, es inexplicable; siendo esto el principal argumento para todo lo que acontece en la pantalla: los protagonistas al límite siempre logran salvarse de la muerte de algún modo u otro, diálogos y reacciones estúpidas… Como es obvio, sólo se salvan aquellos más adinerados.
Y además, de la procefía maya no hay apenas rastro -para aquellos que esperaban encontrar un toque histórico-cultural-. Lo único que se comenta es que para este pueblo el año 2012 es el último de su calendario, pero nada más. En fin, quienes tengan una buena pantalla de televisión en casa, es mejor que espere. Los que no deben buscar algún amigo.
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