El festival sevillano cierra su fin de semana más masivo con dos conciertos históricos
Territorios Sevilla cerró anoche su edición de 2009 – a falta de las actividades alternativas como Territorios Digitales o Territorios In-Edit- con la sensación de que se había asistido a algunos de los mejores conciertos que se han podido ver por su escenario en los últimos años. Con una programación muy heterogénea y orientada a un target muy diferente, el festival ha vuelto a crecer este año a pesar de la concentración de los conciertos en menos días.
Si el jueves apenas hubo algún atisbo de grandeza sobre los escenarios – bien es cierto que ninguno de los conciertos estraban en mis parámetros musicales-, el viernes y el sábado los asistentes si disfrutaron de conciertos insuperables. Ni Kusturica ni Alpha Blondy supieron salir de sus encorsetados clichés y sólo los más incondicionales pudieron disfrutar de sus actuaciones. Algo que no pasó con Buraka Som Sistema que supieron combinar la potencia de sus bases tribales con el hip hop y los guiños a la electrónica más masiva y gamberra (The Prodigy), una pena no haber podido disfrutar de todo su directo. Quizás el concierto más completo fue el de Ojos de Brujo, cuya propuesta musical me parece ligeramente trasnochada, pero a quienes no se pueden negar las ganas y la solvencia sobre el escenario.
Lo del viernes ya fue otra cosa, un nivel de cartel que no se había repetido en Territorios desde aquella tripleta que formaron Echo and the Bunnymen, Violent Femmes y Mogwai hace algunos años. Lo que se pudo ver sobre el escenario ICAS fue un choque de tres grupos cuya raíz musical proviene del mismo lugar (rock americano y de raíces), pero con una proyección totalmente diferente.
Los conciertos del viernes se pueden analizar desde el punto de vista de la improvisación. Akron/Family serían el extremo radical. Si hace un año sus canciones sonaron desubicadas en el Teatro Central (a pesar de lo notable de su actuación), en un escenario al aire libre sí que lograron conectar con el público y desarrollar una propuesta cada vez más ruidosa y tribal, casi opuesta a sus lisérgicos inicios que llegaron a compararlos con los Radiohead más crepusculares. Ahora prefieren insertar una batucada justo antes de “Ed is a Portal” o enganchar los devaneos guitarreros de “Everyone Is Guilty” con el ruido ensordecedor de “MBF”.
Lo de Wilco es otra dimensión. Venían con la vitola de ser uno de los mejores grupos en directo de los que se puede disfrutar hoy en día y no decepcionaron, es más, estuvieron por encima de mis expectativas. El caso de los de Jeff Tweedy es curioso, pues su propuesta empezó siendo más o menos “convencional”, apostaron por un giro experimental y ahora han vuelto a sus raíces más pop. Combinar tantas etapas de su carrera en directo y conseguir que todas suenen a otro nivel es algo al alcance de muy pocos artistas.
La experimentación de “I am trying to break your heart”, combina a la perfección con el clasicismo pop de “Wilco (The Song”) o la guitarra majestuosa de “Impossible Germany”. Las canciones del último disco, aún sin publicar (”You never know”, “Bull Black Nova” y “One Wing”) centraron un repertorio que se quedó corto para los asistentes, fascinados con la genialidad que tocaba a los músicos. Un guitarrista virtuoso, un líder que no sólo canta cada día mejor, sino que no se quedó atrás con la guitarra (especialmente en “Spiders”, que cerró a lo grande el concierto y demostró que las canciones de A Ghost is Born alcanzan su verdadera dimensión en directo) y una banda que los acompañaba a la perfección. Mención especial para el batería, Glenn Kotche, otro virtuoso que se vació durante la actuación.
Si la experimentación salpica el rock de Wilco, apenas aparece en el clasicismo excelso de los Jayhawks, un grupo que ha vuelto a su formación de origen tras la reconciliación entre Olson y Louris. Por eso, centran su repertorio en sus primeros discos, algo de agradecer, sobre todo cuando una obra maestra como Tomorrow The Green Grass centra un repertorio que sonó espectacular, aunque sin riesgo. El público estaba entregado, coreando todos y cada uno de los estribillos en un concierto que cerró el viernes a lo grande y dejando los pelos de punta con canciones inmortales como “Blue” o “Bad Time”.
El sábado, día para el hip hop y las propuestas más bailables, comenzó con la actuación de los raperos más insignes de la capital andaluza en un espectáculo llamado “Sevilla All Stars” que emocionó a los incondicionales y dejó más frío a los asistentes circunstanciales. De hecho, la imagen de los componentes que esperaban su turno de actuación bebiendo detrás de sus compañeros daba una imagen menos profesional de lo debido. La familiariedad del evento se les fue un poco de las manos. Eso sí, el sonido y la actitud de los que iban apareciendo fue espectacular. 
Decepcionantes fueron los concierto de The Go! Team y Tote King, sobre todo en comparación con los precedentes que había de ellos. Los primeros, que en el pasado Primavera Sound me hicieron bailar hasta la extenuación, aquí sonaron algo caóticos y con demasiados acoples desagradables. Tote, con el público ganado de antemano, palideció frente al maravilloso concierto que dio hace algunos meses en el Teatro Lope de Vega. Su propuesta con banda (aquí sólo en algunas canciones) perdió los matices que sí se podían disfrutar en el teatro. Al menos regaló “Ven” y un final a capella sobresaliente.
No obstante, cualquier actuación del día hubiera quedado ensombrecida por el espectacular y apoteósico concierto que dieron De La Soul después. Con una banda multitudinaria, los americanos demostraron que el hip hop nacional sigue a años luz del extranjero, en especial de bandas con la historia y las canciones del trío. A ellos se les veía disfrutar y divertirse y contagiaron al público -incomprensiblemente mucho menor que en los conciertos de Tote King y los otros raperos- en su orgía de hip hop de calidad. Las canciones del 3 feet high and rising perdieron su toque desfasado (estamos hablando de un disco de finales de los 80) y subieron de nivel gracias a la banda que los acompañaba. Y cuando se quedaron los tres solos el nivel no bajó ni un ápice. Tres auténticos showmen, con un carisma y un saber estar en el escenario del que muchos podrían aprender.